¿Quiénes somos?

El Círculo esta constituido legalmente como asbl (association sans but lucratif) en el Registro de Comercio de Luxemburgo.

El Círculo se rige por una junta de socios. Esta junta de socios se elige democráticamente mediante una asamblea general, a la que están invitados todos los socios o interesados. En dicha asamblea se hace un repaso de las actividades pasadas y se informa a los socios de la situación financiera.

La última asamblea tuvo lugar el 12 de marzo de 2010 y en ella fue elegida la junta actual compuesta de los siguientes miembros:

  • Juan Martín, presidente
  • Mario Velázquez, vicepresidente
  • Cristina Oñoro, vicepresidente
  • Lourdes Martínez, secretaria
  • Garbiñe Mijangos, secretaria
  • Pablo Sánchez, tesorero
  • Alberto Rivas, vocal
  • Vicky Villalba, vocal
  • Rafael González, vocal
  • Carmen Jiménez, vocal
  • Paca Rimbau, vocal
  • Javi Coto, vocal

Más de 30 años de historia

En enero de 1976 residían en el Gran Ducado de Luxemburgo varios millares de trabajadores españoles que se habían ido asentando aquí desde la década de los cincuenta. En el país que los acogió lucharon por el reconocimiento de sus derechos como trabajadores extracomunitarios y sufrieron las mismas penalidades que soportan los inmigrantes en cualquier país necesitado de mano de obra extranjera. La muerte del dictador despertó en muchos de ellos la esperanza de que el país pobre y aislado del que habían tenido que marcharse recuperara las libertades y se dotara de un sistema democrático que diera voz y la posibilidad de ejercer el poder político a los sectores de la sociedad que el franquismo consideraba la no-España, derrotada en la guerra civil.

El dictador había muerto dos meses antes y, pese a las promesas de democratización del recién entronizado monarca, aún había pocos signos en la acción del Gobierno de una verdadera voluntad de devolver plenamente al país su soberanía. La crisis económica, el terrorismo y la actitud de una parte del ejército proyectaban dudosas sombras sobre las aspiraciones de la mayoría de la población. Los residentes en el extranjero vivían con esperanza no exenta de inquietud la evolución de un país que ansiaba acercarse a los modelos de convivencia de Europa occidental. En ese contexto se fundó el Círculo Machado, que fue lugar de encuentro y convivencia de muchos emigrantes españoles residentes en Luxemburgo que además deseaban contribuir a la normalización del país.

A mediados de los años ochenta, la llegada de los españoles que venían a trabajar en las instituciones de la Comunidad Europea, a la que se acababa de adherir España, trajo consigo un profundo cambio en la composición del Círculo.

Paca Rimbau ha contado ese período con gran tino:

«De [los] nuevos [“inmigrantes”], poco a poco algunos fueron indagando, hasta dar con la sede [del Machado], hasta conocer a algunos de los socios. Las familias de la vieja hornada acogieron con los brazos abiertos a los nuevos, las invitaciones a almorzar se sucedieron, las ofertas de ayuda proliferaron. Y de esos recién llegados algunos decidieron incorporarse al trabajo de la asociación, que, en esos momentos, empezaba a atravesar la crisis propia del cansancio de muchos años de intensa actividad y de una cierta endogamia. El bar [de la sede de la rue d’Alsace] se había traspasado a una asociación deportiva portuguesa, Os Tirsenses, y allí, el 22 de junio de 1988, tuvo lugar una gran fiesta ibérica, organizada por el Círculo Machado, el Centre Català y Os Tirsenses. Se había iniciado la nueva etapa. Siguió el remozamiento del local, con unos pintores espontáneos, luego se empezó a proyectar cine los viernes, se organizaron exposiciones y conferencias. Poco a poco el nombre del Círculo empezó a oírse entre los nuevos españoles.

Sin embargo, este descubrimiento mutuo de “nuevos” y “antiguos” no tuvo siempre las repercusiones favorables que habría cabido esperar. Por parte de los primeros hubo a veces cierta arrogancia, que olvidaba las condiciones privilegiadas en que habían emigrado, y para muchos de los segundos resultó muy difícil aceptar esa diferencia.»

Tras el abandono, forzado por las circunstancias, del local de la rue d’Alsace, el Circolo Curiel italiano acogió al Machado en su sede y se consumó el relevo entre antiguos y nuevos socios. En los años noventa la asociación fue ampliando su ámbito de acción, el número de socios aumentó y el perfil de estos se diversificó, al acoger a un número cada vez mayor de no españoles. También creció el número de socios activos y la envergadura de sus actividades, especialmente a partir de 1998.

Nuestro Círculo quiere seguir siendo un espacio de diálogo y de aceptación de todas las ideas, en unos momentos en los que desde determinados sectores políticos e informativos se fomenta interesadamente la fractura ideológica o territorial. El Machado, fiel a su ya larga trayectoria, sigue apostando por la mezcla fecunda y la apertura a todos los vientos. Con ayuda de todos.

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